Katherina Szebun, o el arte de levantar(se)

Por Yanel Villacian


El gimnasio vibra con el sonido metálico de las pesas al chocar contra el suelo. Katherina se prepara frente a la barra, con los pies firmes y la mirada enfocada. Respira profundo, toma el aire como si absorbiera fuerza, y agarra la barra con determinación, como si con sus propias manos la pudiese partir. En un solo movimiento explosivo, la levanta por encima de su cabeza, mientras el silencio de concentración se rompe con el grito de esfuerzo. 

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Desde muy chica, el deporte era parte de la vida de Katherina Szebun. Comenzó a jugar al bádminton en las clases de educación física en la escuela, en su Bariloche natal. En esta disciplina, los jugadores se colocan enfrentados en una pista en forma rectangular, dividida por una red, y juegan con raquetas, pegándole al “volante” o “pluma”. Los competidores  golpean la pluma con sus raquetas para que cruce la pista hacia el lado del contrincante por encima de la red. Y la pluma puede ser golpeada sólo una vez antes de cruzar la red. 

La destreza y habilidad de Katherina para todas estas reglas y formatos llamaron rápidamente la atención de los entrenadores, que le ofrecieron practicarlo de manera extracurricular. Era el comienzo de una carrera deportiva. “Me destaqué rápido porque no había mucha competencia en aquella época” le cuenta a Ídem Katherina, rememorando los años de sus inicios.

El comienzo fue auspicioso: a los 13 años ya era integrante de la Selección Argentina de Bádminton y competía a nivel nacional e internacional.  Ya de manera más profesional, para complementar el entrenamiento, comenzó a realizar la parte física en un gimnasio cerca de su casa. Como de costumbre, allí tampoco pasó desapercibida.  

“Tenes rodillas de levantadora”, le dijo el dueño del gimnasio mientras la veía entrenar. Lejos de tomárselo como un insulto, Katherina le preguntó por qué y entonces le explicó que las rodillas anchas, como tiene ella, significan huesos fuertes y eso era fundamental para realizar levantamiento de pesas. Fue en ese momento cuando le ofreció probar un entrenamiento. Una nueva senda se abría en su camino deportivo. 

La jugadora de bádminton entraba así, en el mundo de la halterofilia.  También conocida como levantamiento de pesas olímpico, es una disciplina deportiva que consiste en levantar el máximo peso posible en dos movimientos: el arranque y el envión. Este deporte no solo exige una gran fuerza física, sino también técnica, coordinación, velocidad y concentración. Es una competencia que pone a prueba tanto el cuerpo como la mente del atleta. 

“Fui a una clase y en menos de una semana ya había logrado hacer arranque con 25 kilos. Me copé, y empecé a ir tres días, después más días, hasta que comencé a competir y a partir de ahí me dediqué por completo al levantamiento. Obviamente dejé el bádminton”, relata la deportista, que demostraba pasión y versatilidad en una nueva disciplina.

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Mientras cursaba el último año de secundaria, Katherina recibió una propuesta que marcaría el inicio de su camino profesional. Su entrenador de halterofilia, Miguel Lupianez, dictaba un curso de personal trainer y musculación, y le ofreció sumarse. En ese momento, con apenas 17 años, ya había tomado una decisión importante: quería independizarse. Aquel curso apareció como una oportunidad perfecta para encontrar una salida laboral.

Pero su elección no fue solo por necesidad. Katherina tenía una motivación extra: siempre le había interesado la parte de la fisiología y anatomía del cuerpo. En resumen, lo que está dentro y le permite al ser humano moverse.  
“Si no me hubiera dedicado al deporte, me hubiera gustado estudiar medicina y ser una gran cirujana.  Tal vez en algún momento de mi vida lo haga, pero por ahora me dedico a las pesas”, confiesa.

Durante los diez meses que duró aquel curso, se formó en nutrición, fisiología, anatomía, funcionamiento del cuerpo y planificación de entrenamientos. Para ese entonces ya vivía sola. Estaba en el segundo piso del gimnasio y empezó a trabajar con pequeños grupos de chicos, ayudándolos en su preparación física. Así comenzó su experiencia como entrenadora.

Sin embargo, no todo era deporte en su vida. La realidad en Argentina la enfrentó con múltiples responsabilidades. Independizarse a una edad tan temprana implicó trabajar duro para sostenerse, y aunque ponía todo de sí, el tiempo y el dinero nunca eran suficientes. Intentó conseguir el apoyo de marcas o sponsors que le permitieran dedicarse de lleno a la halterofilia, pero los intentos no dieron resultado.

Fue en ese contexto que conoció a Benjamín, su actual pareja, un joven chileno que, sin saberlo, le abriría la puerta a una nueva etapa. Katherina sintió que era momento de buscar nuevos horizontes. Empezó a investigar opciones en Chile: gimnasios, oportunidades de trabajo, lugares donde pudiera entrenar y crecer. Cuando logró organizar todo, no dudó: se mudó a Maipú, una ciudad cercana a la capital Santiago de Chile, con la ilusión de comenzar la vida que siempre quiso.

“Yo sabía que en Chile se me iba a dar y se me dio. Fui tocando puertas, me moví, y conseguí el apoyo que necesitaba. Tengo las marcas que necesitaba para dedicarme más a entrenar que a trabajar. Más que contenta de haber tomado esa decisión y lo volvería hacer otra vez”, comenta, orgullosa, Katherina. 

Hoy su vida está organizada de forma tal que puede priorizar su verdadero objetivo: entrenar. Trabaja solo 12 horas semanales, lo justo para mantenerse activa laboralmente sin descuidar su preparación física. Además, cuenta con acuerdos de canje que la sostienen: un centro kinesiológico la asiste en caso de lesiones, una carnicería mayorista le proporciona carne, pollo y pescado, y una marca de creatina le entrega productos, todo a cambio de publicidad. Trabaja en el mismo lugar donde entrena, y gracias a que lleva un estilo de vida sencillo y bien planificado, logra vivir con comodidad mientras persigue sus metas deportivas.

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La halterofilia es una disciplina que está dominada, generalmente, por hombres. A medida que más mujeres se integran y destacan, surgen críticas dirigidas hacia sus cuerpos, ya que se alejan de lo “estético” impuesto por la sociedad. Así llegan los prejuicios y se pone en evidencia cómo pueden ser juzgadas más por su apariencia que por sus logros y capacidades. Incluso esos comentarios vienen desde los lugares más inesperados. 

“La primera crítica que tuve por hacer levantamiento de pesas fue de mi abuela. Me dijo ‘te vas a transformar en hombre haciendo ese deporte, hacé otra cosa’”, recuerda Katherina. 

No se victimiza, pero tampoco disimula lo que implicó hacerse fuerte en un ambiente donde las críticas a veces pesan más que una barra cargada. Lo dice con calma, pero con la seguridad de quien ya no necesita demostrar nada.

“Enfrentar las críticas me fortaleció aún más, me sentía más ruda. En un momento, cualquier comentario me daba igual porque sabía que tenía más fuerza que el resto. Cuando me toca, trato de no darle bolilla; entiendo que la gente habla desde sus frustraciones, y vos sabes más que nadie qué proceso estás teniendo. No es que un comentario puede afectarte. Mientras yo no me deje de valorar, ya está”.

Muchas de las mujeres no pueden seguir con lo que realmente les apasiona por el qué dirán. Pero otros casos, como el de Katherina, tienen otro final: se hizo eco de esos comentarios mal intencionados y construyó una seguridad para con ella misma, que la hace fuerte no solo para levantar pesas, si no, también, para continuar con lo que ama.  

“Yo sigo siendo una girly– dice, entre risas. Me pongo bonita para levantar, me hago mis peinados bonitos, preparo mis outfits para entrenar… cada uno tiene su estilo y no lo tenes que perder por hacer un deporte que tenga un estereotipo de cierta manera”.

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En el plano deportivo, su mayor logro fue el campeonato nacional, en donde se consagró campeona en su categoría de 74 kilos. Pero no fue nada fácil.

La escena corre delante de sus ojos, como si fuera ayer, u hoy mismo, mientras la relata con lujo de detalles: ya superó con soltura la primera parte de la competencia. Ahora, frente a los 102 kilos de arranque solo un intento válido la separa del título nacional. En su primer intento, la barra sube rápido, pero un pequeño desequilibrio le juega en contra. Ese intento ya no cuenta. Respira profundo y va de nuevo. Esta vez, la levanta con más decisión, pero no logra estabilizarla sobre su cabeza. Segundo intento fallido.

Ella no dice una palabra. Se aleja unos pasos de la tarima, cierra los ojos y se concentra. Sabe que no puede fallar otra vez. No ahora. Si lo logra, es campeona nacional. 

Se seca las manos, toma aire y se repite en voz baja, como un mantra: “Vamos Kathe, yo puedo. Es su tercer y último intento. Sube a la plataforma con el peso del desafío sobre los hombros, pero también con una fuerza que va más allá de lo físico. Desde la tribuna, se escucha el aliento de sus compañeros: “¡Vamos Kathe, arriba!”

Llegó el momento. Agarra la barra, se posiciona, y en un estallido de potencia la levanta. La estabiliza, tiembla por un instante, pero no cede. Se mantiene firme, con los 102 kilos suspendidos por encima de su cabeza. Suena la chicharra. Ya está. Lo logró.

Ella baja la barra, la mira, le grita. Fue un desahogo. Entre lágrimas, corre a los brazos de su entrenador y lo abraza. Es campeona nacional. Y lo es no solo por haber levantado el peso, sino por no haberse rendido cuando todo parecía perdido. Porque en el momento más difícil, fue ella misma quien se empujó y motivó para poder lograrlo.

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Ya en Chile, se dedicó a dar clases de pesas. Eso es lo que la mantiene feliz, trabajar de lo que ama. 

 “El mensaje que me gustaría darle a los chicos o chicas es que hacer levantamiento es que, además de sentirte fuerte, te sentís poderosa, te lleva mentalmente a sentirte capaz de hacer grandes cosas. La mente que tenés que tener para levantar pesos pesados, la decisión, la confianza, ser capaz de apagar el miedo… uf, es una sensación que tienen que vivir”, remarca desde Maipú. 

Y sobre las mujeres y algunos estereotipos respecto a la fuerza, asegura: “Si supieran lo difícil que es tener un cuerpo de hombre o desarrollar mucha masa muscular… deberían comer cinco veces más de lo que están comiendo y entrenar 10 horas al día para ponerte así naturalmente. Es imposible. No porque levantes pesas te vas a poner como un ‘macho’. No necesitas volumen muscular para tener fuerza. No sé por qué le tienen tanto miedo. Hacer pesas tiene más beneficios y contradicciones. Lo súper recomiendo”.

Mientras levanta kilos sobre su cabeza, Katherina Szebun también sostiene con firmeza un estilo de vida que le permite seguir creciendo. No todo depende de grandes patrocinios o recursos; a veces, alcanza con la determinación de quien está dispuesta a trabajar duro por sus sueños. Y Katherina, sin dudas, lo está. Porque su historia no solo habla de halterofilia, sino de coraje, compromiso y sueños que se construyen día a día, con los pies bien firmes sobre la plataforma.

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