Por Mateo Barrientos
Mercedes Reyna no llegó al boxeo buscando la gloria. A sus 25 años está formando una gran carrera. Cuando tenía 11, a la oriunda de Merlo los médicos le recomendaron hacer deporte para corregir una desviación en la columna. Probó natación, baile, yoga, pero nada la motivaba. Hasta que descubrió el Chai Do kwan, una disciplina de defensa personal que le cambió la vida.
“Me re enganché. Empecé a rendir cinturones y a los seis meses mi columna ya estaba bien. Pero seguí entrenando porque me encantaba”, recuerda, en diálogo con Ídem. Con el tiempo, pasó del entrenamiento al combate. Practicó light contact y full contact, estilos de contacto que la acercaron al ring.
“Cada vez que rendía un cinturón tenía que pelear, y ahí me di cuenta de que me gustaba”, cuenta. A los dieciséis ya participaba en eventos informales, “peleas truchas”, como ella las llama, donde las condiciones eran desiguales. “Siempre me tocaba con alguien más grande, pero me la aguantaba. Me gustaba probarme”, recuerda.
De esas primeras experiencias nació su amor por el boxeo. “Me dolían mucho las piernas de patear, así que probé boxeo para descansar… y chao, me enamoré”, resalta. En 2017 dejó el gimnasio donde entrenaba desde chica y se mudó a uno en Morón. “Apenas me vieron pelear, me ofrecieron tramitar la licencia. Y les dije: a eso vine”, relata. A partir de ahí, su carrera amateur despegó: acumuló 19 peleas oficiales, y muchas más sin registro. Tras la pandemia, decidió dar el salto al profesionalismo al peso paja.
De la pasión al profesionalismo
“Quería mejorar técnicamente y dedicarme en serio. Por eso me sumé al equipo de Andrés Puente, que me enseñó a boxear de verdad”, reconoce, demostrando seguridad en su técnico. Con él aprendió a moverse, a defenderse y a pensar las peleas: “Antes solo sabía ir al frente.Ahora, si tengo que caminar o contra golpear, lo hago. Pero mi esencia es atacar”.
Su debut profesional llegó en julio de 2022, con un empate ante Mariquena Salega en el 77 Boxing Club. Desde entonces lleva ocho combates. Entre ellos, dos noches que jamás olvidará.
“Cuando peleé en TyC Sports no lo podía creer. Yo veía ese programa de chica. Escuchar mi nombre ahí fue una locura”, cuenta, al hablar del combate en el que venció a Lorena Curruhinca en el Estadio F.A.B. También peleó frente a Agustina Vázquez en el casino de Buenos Aires, una experiencia que la marcó: “Es un lugar imponente, lleno de luces, de gente. Sentís que todo lo que hiciste para llegar hasta ahí valió la pena. Es un orgullo”, valora.
Pero no todo en el camino fue brillo. “Lo más difícil fue perder a mi papá. Fue un antes y un después. Dudé si volver a pelear, pero encontré motivos para seguir”, cuenta. Esa mezcla de dolor y fortaleza se refleja en cada entrenamiento, en cada golpe que lanza: “Si me toca pelear, voy al frente. Siempre fui así, en el ring y en la vida”.
Golpes contra la desigualdad
Reyna también habla sobre las diferencias que aún persisten en el boxeo femenino con respecto a sus pares masculinos. “Estamos más reconocidas, ahora las chicas peleamos en carteleras estelares , pero todavía falta. En una misma cartelera un hombre cobra más o tiene más visibilidad. Cuesta conseguir sponsors. Nos entrenamos igual, damos el mismo espectáculo, pero no se nos valora de la misma forma”, denuncia.
Aun así, su mirada es esperanzadora. “El boxeo femenino creció muchísimo. Hoy hay más oportunidades, más respeto. Nos ganamos el lugar golpe a golpe”, dice con orgullo. Y deja un mensaje para las que vienen detrás: “Que se animen. El boxeo no es violencia, es respeto, disciplina y compañerismo. Te da seguridad, te enseña a conocerte. Ninguna que lo prueba dice ‘no me gusta’.
Mercedes Reyna entrena todos los días. Sueña con un título, pero sobre todo con seguir inspirando a otras mujeres a ocupar su lugar.

