Por Melina Astesano
Melissa Crescini llegó al boxeo por impaciencia. Tenía 17 años, esperaba que empezara una clase de yoga, pero se metió en la de al lado. No sabía que ese cruce de pasillos iba a cambiarle la vida. Hoy, con 35 años, es boxeadora amateur, profesora y militante feminista “El boxeo me salvó de la depresión. Me sacó del pozo. Me da de comer, me da alegría. Es mi vida”, asegura en diálogo con Ídem.
Pero para Crescini también es otra cosa: una forma de militar desde el cuerpo, de defenderse cuando el botón antipánico no alcanza, de abrir espacios donde antes había puertas cerradas. “Si hubiera más boxeo feminista, habría menos femicidios. Tendría que enseñarse en la escuela desde chiquitos, aprender perspectiva de género, cambiaría mucho las cosas”, afirma.
El boxeo, para ella, es salud, disciplina, justicia. Aunque también cree que el boxeo femenino está estancado, que hay que pelear la misma cantidad de rounds que los varones, que tiene que haber más mujeres en peso pesado, más categorías trans, más profesoras. “El boxeo femenino no existía antes. Era solo de hombres y hoy en día todavía hay mucha discriminación”.
Militancia desde el cuerpo
Crescini milita desde los 14 años. Empezó en el centro de estudiantes del Nicolás Avellaneda, en el barrio de Palermo, a favor del aborto legal, en las tomas de colegios. Después, cuando empezó a dar clases de pugilismo, se dio cuenta de que lo suyo no era solo deporte: era autodefensa, era contención, era política. “En la primera marcha de Ni Una Menos, por ejemplo, me di cuenta que lo que yo hacía era boxeo feminista. Y ahí dije: lo mío es por acá. Yo hago también de psicóloga con mis alumnas. Les pregunto cómo están, hablamos de todo. No es solo pegarle a la bolsa”.
Su espacio de entrenamiento tiene una fuerte apertura al transfeminismo. Recibe mujeres, personas trans y a hombres. Sin importar su historia de vida, las puertas están abiertas para quien desee aprender boxeo. “Una colega mía paseaba perros y tenía el botón antipánico que no le servía de nada. Y venía a mis clases para defenderse porque otra no le quedaba”, ejemplificó.
Ella no deja a nadie afuera. Si no pueden pagar, igual entrenan. Si no se sienten cómodas en otros gimnasios, ahí tienen lugar. “Muchas chicas me dicen que en otros lugares no les explican bien la técnica, que se sienten observadas. Acá no pasa eso”.
Competir, resistir, los ejes del trabajo
También le pasó a ella. En un gimnasio tradicional, pagaba una cuota elevada pero no la dejaban competir. “Me dijeron que no había mujeres de mi categoría. Yo estaba excedida de mi peso y quería representar al club. No me daban bola, me ignoraban y discriminaban”, recordó. Y se fue a otro lugar, a competir. “Tuve mi primera pelea y fui muy feliz. Cumplí mi sueño de ser boxeadora”. Fue en 2022, en la Federación Argentina de Boxeo, en categoría amateur semipesado. Enfrentó a una rival con dos cinturones y cinco peleas ganadas.
Después vino la capacitación con Yesica “Tutti” Bopp, doble campeona mundial en categoría minimosca. “Ella abrió un curso solo para mujeres. Me motivó y me ayudó a sacar la licencia. Para mí la Tutti es feminista, aunque quizás no lo sepa”, comenta, entre sonrisas.
En redes también milita, aunque no siempre fue fácil. “Tenía una cuenta de Instagram, que se llamaba “Boxeo transfeminista” pero me lo cerraron, me hacían comentarios súper machistas. Hoy me pasa también pero no les doy bola. Sé que en el fondo es por maldad. Porque enseño, transmito, tengo una comunidad y eso les molesta”. A su vez agregó: “Las mujeres podemos enseñar a varones también. He tenido alumnos súper respetuosos. Eso existe”, valora la nacida en Buenos Aires.
Emoción, técnica y futuro
Melissa se emociona cuando habla de la conexión con sus alumnas: “Soy de Cáncer. Muy sensible, muy empática. Me emociono cuando las corrijo, cuando progresan, cuando me cuentan sus historias. Estoy muy comprometida, las ayudo al 100%”.
Hoy entrena en la Federación Argentina de Boxeo. Tiene que salir a correr, cuidarse en las comidas, meter más peleas. El péndulo y el tarot le dicen que en tres años va a ser campeona. Mientras tanto, sigue dando clases: “Ya con que milite desde ahí es un montón, porque no todo el mundo hace boxeo feminista”, opina. Y lo que enseña no es solo técnica. Es cómo defenderse, cómo salir de golpe, cómo encontrar la fuerza en la punta del pie. Pero también, cómo pelear con el propio cuerpo y cómo boxear con el alma.

