Por Clara Macri
En un deporte donde la velocidad y la precisión suelen asociarse con la figura masculina, las mujeres del karting argentino vienen acelerando hacia un cambio de paradigma. En los últimos años, el número de corredoras creció más del 60 por ciento, impulsado por referentes que abrieron el camino y por nuevas generaciones que ya no preguntan si pueden competir, sino cómo llegar más lejos.
León Mariel Cuello, pionera; Julieta Gelvez, piloto consolidada; y Renata Ramos, la más joven, condensan tres etapas de una misma historia: la evolución del karting femenino y la lucha constante por ganar espacio en las pistas. “Yo no corro para ganarles a ellos. Corro para ganarme a mí”, resume Renata, en una frase que refleja el espíritu de estas pilotas.
Mariel Cuello, la pionera
En los años noventa, Mariel Cuello era una excepción. Empezó a correr a los 23, cuando la idea de ver a una mujer en la pista seguía despertando miradas incrédulas. “Desde los ocho años iba a ver carreras con mis padres, soñaba con ser como esos chicos del Mini Midget, pero no me animaba. Eran todos varones”, recuerda, en diálogo con Ídem.
Su padre, mecánico, fue su primer aliado. “Me decía que me compraba un karting, pero yo siempre respondía que no, que eran todos nenes”, cuenta con cariño. Hasta que un día decidió romper ese límite. Se anotó en una escuela, fue a cuatro clases y ya no hubo vuelta atrás.
“Era la única mujer de la categoría. Algunos no soportaban que los pasara. Una vez un piloto me chocó a propósito para despistarme”, recuerda. Ella tenía que correr con 30 kilos de plomo en el chasis para alcanzar el peso mínimo y entrenaba horas en el gimnasio para resistir el desgaste.
Su recuerdo más intenso no tiene que ver con la victoria, sino con la supervivencia. “Una carrera bajo tormenta, el karting no se mantenía en pista. Mi meta fue solo terminar. Muchos se quedaron en el barro”, recordó. Aun así, lo dice con orgullo: “Me encantaba competir contra hombres, el desafío era más grande. Sentía que cada carrera demostraba que también podíamos estar ahí”.

Julieta Gelvez, la autogestión como motor
En otra época, pero con el mismo impulso, Julieta Gelvez transformó la pasión en autogestión. A los 15 años ya sabía que quería correr. “Vendía pirotecnia, pan, empanadas, hamburguesas los fines de semana para juntar plata. Compré mi propio chasis y estudié mecánica automotriz para poder armarlo. Debuté a los 18”, recuerda.
No sintió discriminación por ser mujer, pero sí por la falta de recursos. “Era muy pobre comparada con el resto. En el automovilismo eso se nota”, aclara. Su preparación física y mental es hoy tan rigurosa como la de cualquier piloto profesional: gimnasio diario, trote, bicicleta y control emocional. Su vida, asegura, gira en torno al karting. Julieta representa una generación de corredoras que crecieron viendo referentes y que ya no se sienten solas. “Cuando empecé había pocas mujeres. Hoy hay un montón, salen de debajo de las baldosas”, dice entre risas.
Aunque la mirada ajena sigue presente, todavía se percibe diferencia cuando una mujer se viste con el buzo de competencia. “Cumplí lo que me propuse, pero sé que puedo hacer millones de cosas más”, asegura. Su estilo de manejo es tan calculado como su método de trabajo. Define su forma de correr con precisión: “Soy mental, controlada y conservadora. No manejo con el corazón, manejo con la cabeza”. Quizás por eso recuerda con nitidez su primer gran logro: “Hice mi primera pole position con un chasis prestado. Era la prueba de que el problema no era yo, sino el auto. Sentí plenitud total”.

Renata Ramos, la nueva generación
La más joven del trío, Renata Ramos, tiene apenas unos años en la pista, pero ya respira el futuro del karting femenino. “Todo empezó un día mirando las carreras con mi papá. Le dije que quería correr y no lo podía creer. Me llevó a probar y desde ahí fue una locura”, cuenta con alegría.
Renata entrena con coach físico y psicólogo deportivo. “Trabajo mucho la mente. Pienso positivamente, nunca me tiro para abajo. Esa es mi rutina”, explica. Su debut en Italia, en el circuito de Franciacorta, marcó un antes y un después. “Fue uno de los mejores momentos de mi vida. El año que viene vuelvo. Todo el esfuerzo valió la pena”, asegura.

Una misma línea de llegada
Las historias de Mariel, Julieta y Renata podrían parecer distintas, pero comparten un mismo combustible: la determinación. Mariel luchó por hacerse un lugar cuando casi no había referentes; Julieta aprendió que la autogestión también es una forma de resistencia; y Renata crece en un contexto donde las mujeres comienzan a multiplicarse en las grillas. Hoy, la presencia femenina en el karting argentino es la más alta de la historia.
Las tres coinciden en que el verdadero desafío no está solo en la pista, sino en la persistencia. “Este deporte te exige aguantarlo todo: el frío, el calor, el hambre, la frustración. Pero la satisfacción que devuelve es hermosa”, resume Julieta. “La adrenalina de llegar a 150 km por hora no se compara con nada”, concluye Mariel.

