La capacidad para sobreponerse a las adversidades

Por Santiago Maslovich 

Lunes 30 de junio, al mediodía. Para la mayoría de los argentinos, una fecha y hora sin mayor significado. Una mañana de invierno como cualquier otra. Pero para Candela Silgueira y sus compañeras, ese momento quedó grabado para siempre: en suelo estadounidense, la Selección Argentina acababa de sellar su clasificación al Mundial de Lacrosse 2026, que se celebrará en Japón.

La historia, sin embargo, había comenzado cuatro días antes. La tarde del jueves 26, en el debut del Panamericano de Florida, las argentinas dieron su primer gran paso: una contundente victoria por 17 a 9 ante Jamaica encendió la ilusión. Pero el entusiasmo chocó rápidamente con la realidad. Dos duras derrotas frente a los poderosos elencos norteamericanos de Haudenosaunee -conjunto de seis naciones indígenas en Estados Unidos- por 18-8 y ante Canadá (24-2) parecieron cerrar cualquier puerta hacia el sueño mundialista.

Fue entonces cuando la esperanza resurgió. un cupo extra se liberó para un quinto clasificado, y la Selección vio renacer sus posibilidades. “Cuando nos enteramos de que había una chance más de clasificar, sabíamos que teníamos que ganar todo, sin importar qué. Si teníamos que volver en una pierna, estábamos dispuestas a hacerlo. Era la oportunidad de nuestras vidas”, recuerda Silgueira, arquera de la Selección, en diálogo con Ídem.

Al día siguiente, el equipo se impuso con autoridad a Perú por 21 a 8. Y luego, en un duelo reñido y físico ante México, concretó la hazaña: triunfo por 16 a 8 y boleto asegurado al Mundial. Con sus sticks, sus cascos y una inquebrantable voluntad, el seleccionado argentino escribió una de sus páginas más importantes en su corta historia.

“Ir al Mundial en sí mismo ya era uno de nuestros grandes objetivos. Claramente no somos las favoritas, pero siempre vamos a buscar darlo todo”, afirma la arquera. Y agrega: “Poder clasificar a los Juegos Olímpicos también sería algo muy importante. Le daría mucha más visibilidad al deporte y a nuestras atletas. Pero vamos paso a paso”.

Los comienzos y el desafío de comunicarse

Hace algunos años, pensar en una selección argentina de Lacrosse compitiendo de igual a igual con potencias como Canadá o Estados Unidos parecía una utopía. Los primeros resultados, tanto amistosos como oficiales, eran desalentadores. Sin embargo, Silgueira asegura que la capacidad de sobreponerse es “parte de la garra que caracteriza a la deportista argentina”.

Con el tiempo, el equipo se fortaleció gracias al aporte de jugadoras formadas en universidades norteamericanas. “Algunas de nuestras compañeras fueron criadas en Estados Unidos. Sus padres se fueron en 2001 y ellas vivieron su vida allá, pero son tan argentinas como nosotras”, cuenta la arquera.

La incorporación de jugadoras no nativas trajo consigo un obstáculo inesperado: el idioma. “La mayoría no hablaba ni una palabra de español. Mientras algunas en el vestuario se pasaban un mate, las otras miraban sin entender nada”, recuerda entre risas. El choque cultural fue evidente, pero el grupo encontró la forma de superarlo. “Nos volvimos muy unidas, y eso fue gracias a los entrenadores. Hoy casi todas hablamos en inglés, pero antes teníamos una pizarra con palabras clave en ambos idiomas que todas debíamos conocer”, explica.

Jugar sin respaldo económico

Más allá del mérito deportivo, el camino de la Selección está marcado por el esfuerzo individual. Cada jugadora costea sus viajes, su equipamiento y sus concentraciones con dinero propio. En Argentina, el Lacrosse no cuenta con ningún respaldo institucional ni económico. “En el último Panamericano faltaron un par de jugadoras habituales por falta de fondos. Queríamos lograr la clasificación también por ellas”, reconoce Silgueira.

La falta de apoyo se combina con la escasa difusión del deporte. Sin transmisiones ni cobertura mediática, las jugadoras recurren a las redes sociales para mantener viva la visibilidad del Lacrosse argentino. “Nuestro principal objetivo, más allá de cualquier logro deportivo, es que el deporte siga creciendo y llegue a todos los rincones del país”, sostiene.

¿Qué es el Lacrosse y dónde se practica?

El Lacrosse tiene raíces ancestrales. Nació entre las civilizaciones preeuropeas que habitaban los territorios hoy ocupados por Estados Unidos y Canadá, donde se practicaba como un ritual de preparación para la guerra. Con la llegada de los colonos europeos, el juego cambió su naturaleza y se transformó en un deporte universitario.

Su llegada a Sudamérica fue mucho más tardía. En Argentina, sin la popularidad ni el apoyo mediático de disciplinas como el fútbol o el tenis, el Lacrosse quedó relegado a un puñado de espacios, como la Universidad de Buenos Aires. Hoy existen varios equipos distribuidos por el país, pero aún lejos del desarrollo de Norteamérica.

Aun así, gestas como esta acercan un poco más ese sueño. Con esfuerzo, pasión y una fe inquebrantable, la Selección Argentina de Lacrosse sigue demostrando que, incluso sin respaldo ni difusión, hay algo que nunca falta: ganas de hacer historia.

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